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July 26 Copypaste (alexitimia)Llegué a tu vida para llenártela de paréntesis. Aún no se si tienes algo que agradecerme.Llegué a tu vida y te la llené de paréntesis y de gritos de lejos y de silencios figurados y de palabras vacías soltadas a borbotones. Llegué a tu vida a robarte el tiempo y a morderte. Estoy harta de estos días raros, que se me hacen largos y cortos todo junto, y de estas horas que se me pasan inconsciente. De este calor que no me enajena lo suficiente, de éste estado permanentemente sereno que terminará saltando. Llegué a tu vida para decirte cosas horribles, para jurarte que no te grito aunque me deje la voz. Digo llegué a tu vida (parezco un enviado de Dios). Sólo soy un enredo de rizos y algos con lo que has tropezado. July 24 VértigoY me quedo atontada mirando las volutas del humo. Se me consume el cigarro en la mano. Lo noto porque me he quemado los dedos. Oyes el chirrido agudo del metro al arrancar. Y la pared te empuja. Cierras los ojos. El ruido enorme. Los trenes al pasar y esa corriente de aspiración que producen. Notas el viento en la cara y en las yemas de los dedos. Los fluorescentes, el traqueteo que adormece. Y te sientes tan débil (sólo sería dejarse caer). Y te tira del alma y del aire para respirar hacia delante. Y sería tan fácil dejarse desmayar...Borracha de ruido, ahogada., algo te grita, vamos ¡ahora! Abres los ojos. Taquicardia. [estás loca, estás loca, estoy loca] Te pegas a la pared, te aferras a lo más estable, al suelo, a la mano que te ceden...vuelves a cerrar los ojos y te vuela la cabeza al tren, al metro, al camión, a la altura, y sabes que se te ha ido el aire con ello, que te sigue tirando de dentro, que te tiene amarrado el corazón y por eso se te va a salir por la boca para seguirlos ... Procuras llevar los ojos muy abiertos el resto del trayecto. Por lo que pueda pasar. Yo no tengo vértigo. Eso no es vértigo. July 20 EquívocasEn cualquier caso, me temo que todas las infancias son la misma infancia: un aprendizaje del terror, un adiestramiento para poder pasarnos el resto de nuestra vida temblando de miedo y de confusión sin que se nos note demasiado, con una mano vanidosa puesta en la cintura, distrayendo la llegada del momento de nuestra muerte con la filatelia o con la numismática, con expediciones científicas por regiones hostiles o con la ayuda de espejismos intelectuales como el amor o la teología, esas dos supersticiones que, generación tras generación, nos consuelan de nuestra intrascendencia en el universo, porque, se mire como se mire, un universo es siempre una cosa demasiado grande para cualquier conciencia individual.
(Disculpen, por favor, la digresión: mi pensamiento es de talante translaticio. Una línea recta tiene tendencia a convertirse en una voluta. Un triángulo lo transforma, en cuanto puede, en rocalla. Un punto y a parte puede ser para mi pensamiento un abismo) (Y a veces me duele mucho la cabeza.) (Pero no volverá a ocurrir.)(O eso espero.)
F.B.R |
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